4.01.2011

Un viaje sin igual

Hace unos días, el viernes pasado, tuve la oportunidad de visitar una tierra mágica, una tierra donde el aire que respiras es distinto a cualquier lugar visitado, donde la vida es más simple, donde las noches más épicas, las mujeres más hermosas y el vino más sabroso. Ahí es donde la gente va en busca de oportunidades, de amor, de aventuras, de nuevos paisajes inolvidables, de historias que contarle a sus nietos, en fin, una tierra asombrosamente majestuosa. Sin más preámbulo, les permito informar que fui a las lejanas y hermosas tierras de... Irapuato. *inserte música de rancho*
Así es, fui a la tierra lejana de Irapuato, rica en... Fresas y... ya. Lo interesante comienza desde el día anterior, en el que regresé a mi casa tarde y decidí que era buena idea dormir muy poco para poder dormir en la carretera (en la cual se hacen como 4 o 5 horas). Esa noche me acosté como a las 12am y dormí como a las 4 aproximadamente, desperté a las 5:50 para que Alonso pasara por mi y nos fueramos al Tec, entragara unos papeles y saliéramos para Irapuato a las 11 aproximadamente. Ya en la carretera con equipaje y dos personas más, cada vez que intentaba cerrar los ojos, algo me despertaba, era imposible que durmiera porque mi sueño es muy ligero (si fuera un item, pesaría menos de 1 gramo). Sin más que pensar, tomé un Red Bull para no morirme de lo que fuera y me dispuse a disfrutar de la carretera, de los paisajes de vacas y de Alonso manejando como anciana a 100. Después de unas cuantas horas de ver lo mismo una y otra y otra y OTRA vez, comenzamos a ver puntos de referencia hacia Irapuato (la ciudad de la esperanza), unos minutos más y nos encontrabamos, después de una vuelta, ahí. Supimos que habíamos llegado cuando nos recibieron dos tractores y coches con placas extrañas.
Puedo describir Irapuato con pocas palabras... porque no hay nada. Plaza comercial, Wal-Mart, Oxxo, Edificio (singular, solo hay UN edificio), coches, caballos, fresas, fresas, fresas, fresas y el Bar donde tocamos. Eso es básicamente lo que es Irapuato, un lugar con un calor asquerosamente inquietante, gente fea, lugares feos, todo es feo con efe de foca. Llegamos, comimos pizza fea en una casa bonita, la verdad y esperamos a los demás para poder ir al sound check.
Ya en el lugar, tomaron como cien horas (tal vez no cien, pero sí como dos) en traer todo, ponerlo y empezar a hacer el chequeo de sonido, dejar todo para que la otra banda (en unos momentos les cuento qué banda) pudiera hacer su sonido. Luego, fuimos a casa de una amiga de los de la banda, que era donde ibamos a pasar la noche, para que se arreglaran todos y quedaran FABULOSOS. Duchas, planchas de cabello, rimel, pantalones ajustados, aretes, cinturones, brillantes y, todo indica que, lencería fina. No estoy hablando de las groupies, no, es  la banda con la que toqué de quién hablo. Así es, pasaron más tiempo arreglándose que el que nos tomó ir hasta Irapuato, pero en fin, esa es otra historia y por el momento les contaré por qué lo titulé como "el peor día de mi vida". Continuando, llegamos al lugar dispuestos a tocar y se subieron al escenario por ahí de las 11:40 post meridiem, comenzando con una canción suya para abrir boca. La verdad es que es una banda buena ya que todos tocan bien y están amarrados (sin cuerdas) y el cantante canta como degenerado (in a good way). Acabando la primera canción, se escuchó silencio en la sala... Nadie aplaudió, ni gritó, ni hizo ninguna clase de apoyo auditivo a la banda, solo se escuchaba la voz de la manager y de la novia del cantante (aunque yo también me uní a los gritos). Canciones después, el cantante ofreció Jack Daniel's gratis a todas las que pasaran adelante para recibirlo, esperando que todas fueran porque, ya saben,  es alcohol, es gratis, y lo más importante, ¡es alcohol gratis! Pero nadie hizo caso, se convirtieron en criaturas inertes ante la demostración de cosas gratis. Tal vez no están acostumbrados a que ahí les regalen cosas o creen que Jack Daniel's es una marca de gasolina; tal vez creen que la palabra "gratis" quiere decir "demonio" o que cuando dijo: Todas las chavas que vengan adelante tendrán Jack Daniel's gratis, quiso decir: Todo aquel que venga cerca, será ofrecido a Satanás como sacrificio para su llegada a este mundo. No sé qué fue, pero el punto es que nadie se movió, todo quedó silencioso, y harto, obviamente, el cantante se bajó a ofrecer Jack Daniel's (o como, despues de ese día, lo conocen en Irapuato como: Elixir del Sexo) a todos en sus mesas. En fin, pasaron canciones, me subí a tocar piano en una, guitarra en otras tres y sin más ni más, se acabó el show y pocos aplaudieron al final. Se subió la banda tributo a Mötley Crüe y después de veinte minutos de preparativos de sonido, empezaron a tocar, y ahí, justo ahí, fue cuando la noche se empezó a ir al diablo. La banda es oía asquerosamente mal, la guitarra estaba fea, apenas se oía, la batería parecía estar siendo tocada por un manco sin talento y el bajo tenía un fuzz horrible que le daba personalidad (personalidad de un hobo con escrófulas intentando besarte), pero lo que no tuvo madre, lo que si acabó de destruír mi fé y esperanza en esa banda, fue la voz cantante. Solo imaginen por un momento, al peor cantante del mundo, ahora piensen que es amigo suyo y que se está burlando de los cantantes de power metal (ya saben, esos que cantan agudísimo, como mujeres) haciendo voz en falsete pero como raspada. ¿Sí están imaginando el sonido? Si no, hagan lo siguiente, canten en falsete (como de ópera) e intenten agregar un raspado tipo Louis Armstrong a su voz, todo al mismo tiempo. Pues eso justamente (y peor) fue lo que el cantante hacía. Cuando comenzó a cantar yo dije: está bromeando, no puede ser verdad que alguien oiga eso y diga "hombre que padre canto" o que alguien más escuche eso y le diga "¡hay que hacer una banda porque TÚ cantas increíbe!". No puedo creer como alguien puede soportar más de 1 hora de eso y querer escuchar más, pero sí, eso pasó, la gente enloqueció, se pararon de sus mesas, fueron adelante y coreaban con el "cantante" (que llamaré maullante), después de 2 horas de tortura mortal (porque teníamos que esperar a que acabaran porque tenían equipo nuestro), se despidieron y comenzaron a "bajarse del escenario" cuando anunciaron que... ¡IBAN A TOCAR MÁS! No les bastó torturarnos 2 horas y media, querían más. En ese intervalo de tiempo en el que mis oídos decidieron cerrarse y escuchar a mi cerebro tararear, ocurrieron cosas exóticas que no caben en mi mente: el cantinero se agarraba con todas las mujeres, y ellas aceptaban y se reían (incluso competían por su atención), había borrachos dormidos en los sillones y a nadie parecía importarle, las bebidas al parecer estaban hechas de alcohol etílico y las mujeres parecían haber perdido la razón. En fin, acabamos como a las 3 de salir de ahí, llegamos a la casa (yo con ganas de destruir cabezas) y nos mostraron el cuarto. Ese cuarto chiquito, donde solo había un sofá-cama en donde no cabía más que un hombre, ese cuarto donde pasé la peor noche de mi vida, ese cuarto que puedo esbozar de pies a cabeza, de derecha a izquierda... El cuarto del terror. Entrando le dije a Alonso (mi compañero de cuarto) que hicieramos un compromiso: Yo me dormía en el suelo pero tenía derecho a la almohada grande y la colcha. A mi no me molesta dormir en el suelo, puedo dormir donde sea, siempre y cuando no haya mucho ruido ni luz, y ¿qué creén? Eso fue exáctamente lo que sobraba en ese lugar. Después de que Alonso se calló (porque me molestó desde las 3:30 hasta las 4:10 ante meridiem) durante toda la noche, sonó un *beep* de un cronómetro que no sé que rayos marcaba, los 29 perros de la dueña de la casa pasaban enfrente de nuestro cuarto y me despertaba con el sonido de sus uñas en el suelo, había una estación de trenes (parecía que al lado) que tenía ciento cincuenta trenes, al parecer, y que hacían ese sonido tan característico y bonito cada 10 minutos. Parecía eje vial a las 5 de la tarde pero, en vez de coches, tenía trenes tocando su claxon por 20 segundos seguidos cada diez minutos. Empecé a alucinar, a esperar que cayera una bomba en Irapuato y nos matara a todos, no sabía que en tan pequeño pueblo, existiera tanto ruido y a las cuatro malditas de la mañana. Total, dormí como una hora en plazos y desperté a las ocho con ganas de ir al baño, pero como no conocía el lugar, preferí esperar a que se despertaran todos para poder ir. Después de eso, dimos una hora vueltas por Irapuato queriendo encontrar fresas (esas fresas, las malditas fresas, me persiguen todavía) y cajeta para llevar de recuerdo. Después de varias horas, regresamos al D.F. la bendita capital de nuestro país, con el clima frío, la lluvia ácida, el crimen desmesurado, la contaminación estratosférica y el tráfico descomunal. Todo esto me parecía angelical, celestial incluso. Ya quería llegar a ver Sucker Punch al cine y a domir en mi cama. La película me hizo feliz y mi cama me hizo regocijar ante la belleza de mi hogar y del silencio de la noche en mi cuarto.

Debo admitir que las fresas estaban deliciosas, pero no es razón por volver a Irapuato. De hecho, no existe razón ni motivo lo suficientemente poderoso para hacerme volver a ese lugar olvidad por las leyes de la moral y de la ética, esa tierra en la que la ley no existe (no hay policías, o al menos no vi a uno solo), donde el clima es implacable y destruye, donde nadie parece tener emociones, donde todo pasa lento porque todos son lentos.

Esa fue la peor noche de mi vida, e incluyo esa noche en la que casi me muero.
Esperen más aventuras.

:)